Fundacion Fulicoma atendiendo a los niños en su parte pedagógica y social de Manizales, Colombia
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Educar en la Infancia
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Fuente: Vida Amor y Familia. Tomo  3
Editores: Rezza

Durante los primeros años se construye la base para el desarrollo de la personalidad de nuestros hijos. El motor que moviliza el proceso de desarrollo es el afecto, la relación entre padres e hijos. Se identifica como forma primordial a través del apego y el afecto, que permiten crear la suficiente confianza como para aprender todo lo que precisamos y afrontar con eficacia los diferentes desafíos que nos presenta el diario vivir.
Como dice Goethe: “da más fuerza saberse amado que saberse fuerte: la certeza del amor, cuando existe nos hace invulnerables”. Este es un hecho real que se evidencia en cada ser humano. Por ello los padres, durante los años de la infancia, deben fortalecer los lazos afectivos con sus hijos, a través de actitudes de aceptación, tolerancia, y afecto compartido por medio del contacto físico y verbal.
Cuando el hijo se sabe amado, que es diferente a “sobreprotegido y mimado”, desarrolla una seguridad emocional que le permite ser más libre para explorar, conocer su entorno, y favorece a su vez el desarrollo físico y cognitivo.
Los niños que se sienten amados por lo que “son”, se manifiestan como chicos curiosos, con mayor creatividad e iniciativa.
Otra labor fundamental dentro de esta primera etapa de desarrollo es el ejercicio de la autoridad, que permite a los chicos aprender a desarrollar la conciencia con relación a “realidad” individual y compartida. El aprendizaje de una autonomía responsable parte de la posibilidad que el niño tenga desde muy chico para elegir y participar en la vida familiar, en cuanto a la toma de decisiones acordes con la edad, así como también para responder por sus acciones y decisiones. Por ello, es necesario que en la familia cada miembro conozca que se espera de él, cuales son las normas y valores de la familia, y cuáles son las consecuencias de no respetarlas. 
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Carta de un Hijo a todos los padres del mundo

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Carta de un Hijo a todos los padres del mundo
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Fuente: Tomado de Amigo del hogar No 393, Republica dominicana

No me des todo lo que pida. A veces sólo pido para ver hasta cuánto puedo lograr.
No me grites. Te respeto menos cuando lo haces, y me enseñas a gritar a mí también y yo no quiero hacerlo.
No des siempre órdenes. Si en vez de órdenes a veces me pidieras las cosas, yo las haría más rápido y con más gusto.
Cumple las promesas buenas o malas. Si me prometes un premio un premio, dámelo, pero también si es castigo.
Trátame con la misma amabilidad y cordialidad con que tratas a tus amigos, ya que porque seamos familia, eso no quiere decir que no podamos ser amigos también.
No me digas que haga una cosa y tú no la haces. Yo aprenderé y haré siempre lo que tú hagas aunque no lo digas. Pero nunca haré lo que tú digas y no hagas.
No me compares con nadie, especialmente con mi hermano y hermana, si tú me haces lucir mejor que los demás, alguien va a sufrir; y si me haces lucir peor que los demás, seré yo quien sufra.
No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que debo hacer; decídete y mantén esa decisión.
Déjame valerme por mi mismo. Si tú lo haces todo por mí, yo nunca podré aprender.
Enséñame a amar y a conocer a Dios. No importa si en el colegio me quieren enseñar, porque de nada vale, si yo veo que tú ni conoces ni amas a Dios.
Cuando te cuente un problema mío, no me digas “no tengo tiempo para boberías” o “eso no tiene importancia”. Trata de comprenderme y ayudarme.
No digas mentiras delante de mí, ni me digas que las diga por ti, aunque sea para sacarte de un apuro. Me haces sentir mal y perder la fe en lo que me dices.
Cuando yo hago algo malo, no me exijas que te diga “por qué lo hice”. A veces no yo mismo lo sé.
Cuando estás equivocado con algo, admítelo y crecerá la opinión que yo tengo de ti y me enseñarás a admitir mis equivocaciones también.
Y quiéreme y dímelo a mí me gusta oírtelo decir, aunque tú no creas necesario decírmelo.
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Los Diez Mandamientos de la Vida

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Los Diez Mandamientos de la Vida
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1.       Creerás que el Dios de la vida desea la vida en abundancia para todos y no la muerte.
 
2.       No utilizarás el nombre de Dios en la vida para atentar contra la vida de nadie.
 
3.       Agradecerás a Dios la vida y la celebrarás como un gran Don y una tarea.
 
4.       Defenderás la vida amenazada y honrarás a los que te han dado la vida.
 
5.       No matarás de ningún modo la vida, pues la vida es de Dios.
 
6.       Amarás y gozarás la vida sin egoísmo.
 
7.       No te apropiarás de los bienes que han sido creados para que todos vivamos.
 
8.       Compartirás la vida con tu pueblo, con toda verdad.
 
9.       Trabajarás para que todos tengan lo suficiente para vivir.
 
10.   Pondrás tu vida al servicio de los demás, hasta arriesgar tu vida por la vida de los otros. Amarás tu vida y la vida de los demás, vida de Dios.                                                                (Anónimo)
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El arte del acompañamiento familiar a las nuevas generaciones.

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El arte del acompañamiento familiar a las nuevas generaciones.
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Fuente: Hacia una familia integral
Autor: Gustavo Adolfo Ramírez García
ACODESI

 
 
Hoy la mayoría de los niños y jóvenes experimentan una gran soledad, aunque estén rodeados de muchedumbres, pues la demanda afectiva que reclaman no se satisface en el mar de relaciones y objetos que consumen superficialmente y que no alcanzan a colmar las necesidades fundamentales de su humanidad.(Según  escala Básica de necesidades de Max Neef). Por eso se hace indispensable papás y mamás que se sitúen al lado de sus hijos como compañeros de camino, con capacidad de convertirse en seres significativos para sus vidas y favoreciendo desde allí, el desarrollo pleno de su identidad y carácter.
El niño y el joven deben encontrar en su familia un ambiente en donde cuenten con acompañantes  que los escuchen, los ayuden a descubrirse, a descubrir la vida, a  potencializar sus capacidades, a suplir necesidades y confrontar sus limitaciones, desde la experiencia vital de quien ha vivido más y conoce un poco más del camino de la vida.
Toda la visión de esa experiencia como acompañante tiene un carácter netamente educativo, donde padres e hijos se hacen compañeros de camino en una relación dinámica, horizontal. Esta horizontalidad no debe confundirse con igualdad de roles. El rol de un padre o madre de familia implica sana autoridad (no autoritarismo), es decir, los padres son los responsables de establecer las directrices formativas de sus hijos, y no al contrario. Cuando hablamos de horizontalidad, nos referimos al profundo respeto que debe haber al escuchar a todos los miembros de la familia y encontrar en medio del dialogo y apoyados en los principios formativos de la familia, las soluciones para abordar la cotidianidad como mutuos aprendices, reconociendo que tanto los hijos como los padres tienen mucho qué decir.
Hay varias razones  para justificar hoy la importancia del acompañamiento, pero para efectos prácticos se puede resumir en tres:
1-      Las nuevas generaciones exigen un nuevo paradigma educativo: no es pertinente formar a las nuevas generaciones con los paradigmas con los que fuimos formados, porque estamos en un cambio de época en la cual se han modificado de manera profunda las características de los niños y jóvenes. Los efectos de la posmodernidad, como una postura en contra de la de los ideales de la modernidad y globalizados a través del influjo de los medios masivos de comunicación y de la cibercultura, han producido cambios radicales en los escenarios vitales en los que se mueven los niños y jóvenes actuales, los cuales podrían rsumirsen en cuatro rupturas:
-          Ruptura de identidades.
-          Ruptura con estilos de la vida anteriores
-          Ruptura en las practicas tecnológicas
-          Ruptura en los escenarios institucionales.
2-      Es un medio altamente efectivo para educar hoy: el afecto (amor) es la condición indispensable para educar hoy y el acompañamiento, una herramienta eficaz para vehiculizar el afecto de una manera formativa.
3-      Rejuvenece existencialmente al adulto: acompañar es una acción muy humana que le exige al adulto mantener una actitud abierta y renovada ante la dinámica juvenil. Es un reto para enfrentarse ante lo nuevo y desconocido. Es un llamado de la vida que exige un espíritu de aprendizaje continuo, lleno de esperanza en el porvenir.
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El Milagro más Grande

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Fuente: Valores, Civismo, Familia y Sociedad.
Editorial: Rezza

                                 milagro-grande
La mayoría de nosotros construimos prisiones para nosotros mismos, y después de vivir ahí por algún tiempo nos acostumbramos a sus paredes   y aceptamos la falsa premisa de que estamos encarcelados para siempre.
“Tan pronto como esa creencia se posesiona de nosotros, abandonamos la esperanza de hacer algo más por nuestras vidas, o de darle alguna vez la oportunidad de lograr nuestras ilusiones.
Nos convertimos en muñecos y empezamos a sufrir una muerte viviente… Nuestra mente es la creación más grande de la tierra y puede crear la más sublime de las felicidades para su propietario o puede destruirle… Puedes ver, puedes oír, puedes hablar, te puedes mover, conoces el secreto del amor: para recibir amor, primero hay que entregarse.
El amor es un regalo por el cual no se exige nada a cambio… dentro de tu ser existe la suficiente ciencia atómica para destruir cualquiera de las grandes naciones de tu mundo… y también para reconstruirlas.
Tienes demasiadas cosas. Tus dones se derraman de tu copa, y tú has sido negligente con ellos como un niño echando a perder por los lujos… conoces entonces el primer secreto de la felicidad y el éxito: que aun posees todos los dones necesarios para obtener la gran gloria… Ten conciencia de tu individualidad… Nunca ha habido entre los setenta mil millones de seres humanos que han caminado sobre el planeta desde que éste fue creado, un ser que haya sido exactamente igual a ti. Nunca hasta el fin del mundo, habrá otro igual a ti… Más aún eres una creación única en el mundo… sé tú mismo. Si alguien te pide que acompañes a caminar un kilómetro,  acompáñalo dos…El único medio cierto de triunfar es rendir más y mejor de lo que se espera de ti, sin importar de que se trata.
Por tanto, te aseguro que el camino más seguro para condenarte a la mediocridad es realizar solamente el trabajo por el que se te paga. No puedes ordenar el éxito, sólo puedes merecerlo. Cuanta tus Dones proclama tu individualidad, camina otro Kilómetro. Eres una manifestación libre de esa inteligencia superior. Fuiste creado con un propósito.
Tenemos un mundo que reconstruir… Tienes el poder de pensar… Tienes el poder de amar, de determinar, de reír. Tienes el poder de imaginar, de crear, de planear, tienes el poder de elegir.
Elige amar en lugar de odiar… Elige reír en lugar de llorar… Elige crear en lugar de destruir… Elige perseverar en lugar de renunciar… Elige alabar en lugar de criticar… Elige curar en lugar de herir… Elige dar en lugar de robar… Elige actuar en lugar de aplazar… Elige crecer en lugar de consumirte… Elige bendecir en lugar de blasfemar… Elige vivir en lugar de morir. Nunca vuelvas a menospreciar nuevamente a tu persona...  Haz todo con amor. Amor por ti mismo… Amor por los otros… Amor por esa inteligencia superior… Tú eres el milagro más grande del mundo… (OG. Mandino).
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¿Quién es Cristo para mi?

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¿Quién es Cristo para mi?
Meditaciones para toda la Cuaresma


Miércoles cuarta semana de Cuaresma. La conversión cristiana pasa primero por la experiencia de Cristo.

Por: P. Cipriano Sánchez LC | Fuente: Catholic.net 

                                                  Cristo-quien

La dimensión interior del hombre debe ser buscada insistentemente en nuestra vida. En esta reflexión veremos algunos de los efectos que debe tener esta dimensión interior en nosotros. No olvidemos que todo viene de un esfuerzo de conversión; todo nace de nuestro esfuerzo personal por convertir el alma a Dios, por dirigir la mente y el corazón a nuestro Señor.

¿Qué consecuencias tiene esta conversión en nosotros? En una catequesis el Papa hablaba de tres dimensiones que tiene que tener la conversión: la conversión a la verdad, la conversión a la santidad y la conversión a la reconciliación.

¿Qué significa convertirme a la verdad? Evidentemente que a la primera verdad a la que tengo que convertirme es a la verdad de mí mismo; es decir, ¿quién soy yo?, ¿para qué estoy en este mundo? Pero, al mismo tiempo, la conversión a la verdad es también una apertura a esa verdad que es Dios nuestro Señor, a la verdad de Cristo.

Convertirme a Cristo no es solamente convertirme a una ideología o a una doctrina; la conversión cristiana tiene que pasar primero por la experiencia de Cristo. A veces podemos hacer del cristianismo una teoría más o menos convincente de forma de vida, y entonces se escuchan expresiones como: “el concepto cristiano”, “la doctrina cristiana”, “el programa cristiano”, “la ideología cristiana”, como si eso fuese realmente lo más importante, y como si todo eso no estuviese al servicio de algo mucho más profundo, que es la experiencia que cada hombre y cada mujer tienen que hacer de Cristo.

Lo fundamental del cristianismo es la experiencia que el hombre y la mujer hacen de Jesucristo, el Hijo de Dios. ¿Qué experiencia tengo yo de Jesucristo? A lo mejor podría decir que ninguna, y qué tremendo sería que me supiese todo el catecismo pero que no tuviese experiencia de Jesucristo. Estrictamente hablando no existe una ideología cristiana, es como si dijésemos que existe una ideología de cada uno de nosotros. Existe la persona con sus ideas, pero no existe una ideología de una persona. Lo más que se puede hacer de cada uno de nosotros es una experiencia que, evidentemente como personas humanas, conlleva unas exigencias de tipo moral y humano que nacen de la experiencia. Si yo no parto de la reflexión sobre mi experiencia de una persona, es muy difícil que yo sea capaz de aplicar teorías sobre esa persona.

¿Es Cristo para mí una doctrina o es alguien vivo? ¿Es alguien vivo que me exige, o es simplemente una serie de preguntas de catecismo? La importancia que tiene para el hombre y la mujer la persona de Cristo no tiene límites. Cuando uno tuvo una experiencia con una persona, se da cuenta, de que constantemente se abren nuevos campos, nuevos terrenos que antes nadie había pisado, y cuando llega la muerte y dejamos de tener la experiencia cotidiana con esa persona, nos damos cuenta de que su presencia era lo que más llenaba mi vida.

Convertirme a Cristo significa hacer a Cristo alguien presente en mi existencia. Esa experiencia es algo muy importante, y tenemos que preguntarnos: ¿Está Cristo realmente presente en toda mi vida? ¿O Cristo está simplemente en algunas partes de mi vida? Cuando esto sucede, qué importante es que nos demos cuenta de que quizá yo no estoy siendo todo lo cristiano que debería ser. Convertirme a la verdad, convertirme a Cristo significa llevarle y hacerle presente en cada minuto.

Hay una segunda dimensión de esta conversión: la conversión a la santidad. Dice el Papa, “Toda la vida debe estar dedicada al perfeccionamiento espiritual. En Cuaresma, sin embargo, es más notable la exigencia de pasar de una situación de indiferencia y lejanía a una práctica religiosa más convencida; de una situación de mediocridad y tibieza a un fervor más sentido y profundo; de una manifestación tímida de la fe al testimonio abierto y valiente del propio credo.” ¡Qué interesante descripción del Santo Padre! En la primera frase habla a todos los cristianos, no a monjes ni a sacerdotes. ¿Soy realmente una persona que tiende hacia la perfección espiritual? ¿Cuál es mi intención hacia la visión cristiana de la virtud de la humildad, de la caridad, de la sencillez de corazón, o en la lucha contra la pereza y vanidad?

El Papa pinta unos trazos de lo que es un santo, dice: “El santo no es ni el indiferente, ni el lejano, ni el mediocre, ni el tibio, ni el tímido”. Si no eres lejano, mediocre, tímido, tibio, entonces tienes que ser santo. Elige: o eres esos adjetivos, o eres santo. Y no olvidemos que el santo es el hombre completo, la mujer completa; el hombre o la mujer que es convencido, profundo, abierto y valiente.

Evidentemente la dimensión fundamental es poner mi vida delante de Dios para ser convencido delante de Dios, para ser profundo delante de Dios, para ser abierto y valiente delante de Dios.

Podría ser que en mi vida este esfuerzo por la santidad no fuese un esfuerzo real, y esto sucede cuando queremos ser veleidosamente santos. Una persona veleidosa es aquella que tiene un grandísimo defecto de voluntad. El veleidoso es aquella persona que, queriendo el bien y viéndolo, no pone los medios. Veo el bien y me digo: ¡qué hermoso es ser santo!, pero como para ser santo hay que ser convencido, profundo, abierto y valiente, pues nos quedamos con los sueños, y como los sueños..., sueños son.

¿Realmente quiero ser santo, y por eso mi vida cristiana es una vida convencida, y por lo mismo procuro formarme para convencerme en mi formación cristiana a nivel moral, a nivel doctrinal? ¡Cuántas veces nuestra formación cristiana es una formación ciega, no formada, no convencida! ¿Nos damos cuenta de que muchos de los problemas que tenemos son por ignorancia? ¿Es mi cristianismo profundo, abierto y valiente en el testimonio?

Hay una tercera dimensión de esta conversión: la dimensión de la reconciliación. De aquí brota y se empapa la tercera conversión a la que nos invita la Cuaresma. El Papa dice que todos somos conscientes de la urgencia de esta invitación a considerar los acontecimientos dolorosos que está sufriendo la humanidad: “Reconciliarse con Dios es un compromiso que se impone a todos, porque constituye la condición necesaria para recuperar la serenidad personal, el gozo interior, el entendimiento fraterno con los demás y por consiguiente, la paz en la familia, en la sociedad y en el mundo. Queremos la paz, reconciliémonos con Dios”.

La primera injusticia que se comete no es la injusticia del hombre para con el hombre, sino la injusticia del hombre para con Dios. ¿Cuál es la primera injusticia que aparece en la Biblia? El pecado original. ¿Y del pecado de Adán y Eva qué pecado nace? El segundo pecado, el pecado de Caín contra Abel. Del pecado del hombre contra Dios nace el pecado del hombre contra el hombre. No existe ningún pecado del hombre contra el hombre que no provenga del pecado primero del hombre contra Dios. No hay ningún pecado de un hombre contra otro que no nazca de un corazón del cual Dios ya se ha ido hace tiempo. Si queremos transformar la sociedad, lo primero que tenemos que hacer es reconciliar nuestro corazón con Dios. Si queremos recristianizar al mundo, cambiar a la humanidad, lo primero que tenemos que hacer es transformar y recristianizar nuestro corazón. ¿Mis criterios son del Evangelio? ¿Mis comportamientos son del Evangelio? ¿Mi vida familiar, conyugal, social y apostólica se apega al Evangelio?
Ésta es la verdadera santidad, que sólo la consiguen las personas que realmente han hecho en su existencia la experiencia de Cristo. Personas que buscan y anhelan la experiencia de Cristo, y que no ponen excusas para no hacerla. No es excusa para no hacer la experiencia de Cristo el propio carácter, ni las propias obligaciones, ni la propia salud, porque si en estos aspectos de mi vida no sé hacer la experiencia de Cristo, no estoy siendo cristiano.

Cuaresma es convertirse a la verdad, a la santidad y a la reconciliación. En definitiva, Cuaresma es comprometerse. Convertirse es comprometerse con Cristo con mi santidad, con mi dimensión social de evangelización. ¿Tengo esto? ¿Lo quiero tener? ¿Pongo los medios para tenerlo? Si es así, estoy bien; si no es así, estoy mal. Porque una persona que se llame a sí misma cristiana y que no esté auténticamente comprometida con Cristo en su santidad para evangelizar, no es cristiana.

Reflexionen sobre esto, saquen compromisos y busquen ardientemente esa experiencia, esa santidad y ese compromiso apostólico; nunca digan no a Cristo en su vida, nunca se pongan a sí mismos por encima de lo que Cristo les pide, porque el día en que lo hagan, estarán siendo personas lejanas, indiferentes, tibias, mediocres, tímidas. En definitiva no estarán siendo seres humanos auténticos, porque no estarán siendo cristianos.
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Sueño de un padre: Una creencia profunda en Dios

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Fuente: vida, amor y familia. Formación integral para padres educadores.
Editorial: REZZA
 
Sueño con una patria que tenga una creencia profunda en Dios.
Sueño con una patria en donde Dios tenga su sitio en las conciencias y en los espíritus. Una patria en donde nuestros niños aprendan a saludar la alborada de sus vidas con la señal de la cruz; en donde nuestros jóvenes comprendan la entrega del amor y nuestros ancianos tengan la esperanza de una eternidad bienaventurada.
Sueño con una patria con iglesias y hogares desde los cuales sube al cielo el incienso de la plegaria agradecida, suplicante y confiada.
Sueño con una patria que guarde celosamente el patrimonio de sus creencias más profundas.
Quisiera ver, en los recodos de los caminos, samaritanos que alivien las heridas de tantos desgraciados.
 Una patria en donde Dios no sea un intruso en sus leyes, sus códigos y su democracia institucional.
Sueño con una patria en donde nuestros gobernantes cumplan fielmente lo que han jurado sobre los Santos Evangelios.
Una patria en donde nuestros maestros fundamenten su quehacer educativo en la fe, el amor y la esperanza de nuestro catecismo.
Quisiera ver a todos los habitantes de mi patria como un pueblo compacto que peregrina hacia un horizonte que trasciende las colinas del tiempo.
Sueño con una patria en donde podamos contemplar los frutos de un compromiso cristiano. Quisiera ver una patria en donde hubiera más amor, menos egoísmo, más solidaridad humana.
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Travesía de Vida

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Fuente: vida, amor y familia. Formación integral para padres educadores.
Editorial: REZZA

 
La persona es un proyecto que día a día se construye a partir de la convivencia, la apropiación de sus talentos, madurez progresiva y de su capacidad para soñar y establecer metas que le permitan ampliar su horizonte personal y reconocerse en forma plena como el protagonista y conductor de su vida.
Para ello, cada ser humano lleva en su interior la posibilidad de desplegar lo mejor de sí mismo, como “una semilla” que se irá desarrollando a lo largo de su vida, si la cultiva con una cuidadosa atención desde que nace.
El hacerse persona es un proceso que va más allá de crecer en forma biológica y cumplir con el ciclo vital, que es inherente a todas las criaturas vivas; sólo conforme descubramos lo que nos hace únicos, singulares, auténticos y nos permitamos vivir de acuerdo con esta realidad, aprendiendo a responsabilizarnos de nuestras opciones y decisiones, podremos conseguir que cada día de nuestra vida tenga un sentido y valor, el que hemos querido darle. Este proceso no es sencillo, ya que exige la confrontación permanente con nosotros mismos y nuestras aspiraciones; además va unido al desarrollo de la capacidad para compartir, acompañar y estimular también el mejoramiento de la persona con las cuales compartimos la vida.
La vida humana a diferencia de otros seres de la naturaleza, no está determinada; sin embargo, debemos también conquistar como un don la posibilidad de ser libres, pues sólo cuando aprendamos a ganar nuestro espacio al superar nuestras limitaciones y fortalecer nuestra actitud para ser flexibles y abiertos al aprendizaje que la vida nos ofrece en cada acto cotidiano, podremos honrar nuestra travesía personal como el camino que emprendemos para vivir de acuerdo con lo que somos y lo que estamos llamados a “ser”. Este proceso se inicia desde la infancia, y podríamos decir, en forma integrada a la madurez biológica, también se va dando un despertar interior, que implica la vivencia plena de las emociones y la atención a los llamados que a través de las diferentes etapas del crecimiento nos hace la vida. La familia ejerce una influencia significativa, ya que recibe de la vida, para su cuidado y guía, a una pequeña criatura que depende por completo de las personas que la cuidan; por ello es vital que se le proporcione la atención y seguridad básica que le permita desarrollarse en forma sana si el niño recibe de estas primeras relaciones afecto y aceptación en su mundo individual, aprenderá a desarrollar confianza en su entorno, lo que le permitirá crecer y aprender lo que necesita.
En el transcurso de su vida la persona requerirá aprender a buscar su independencia, y por ello va a experimentar soledad acompañada de un sentimiento de desprotección; sin embargo esto le posibilitará confiar en sí misma y desarrollar los recursos que son indispensables para afrontar las situaciones del diario vivir.
Cuando el individuo aprende a confiar en sí mismo también comienza a desarrollar estrategias para lograr sus objetivos. Es importante que la familia sea un modelo que estimule su capacidad de empatía, para que aprenda a reconocer a las otras personas que lo rodean en cuanto a sus derechos y opiniones diferentes y logre resolver la búsqueda de sus metas, teniendo en cuanta también a los demás seres humanos con quienes comparte; por ello, la familia puede estimular la capacidad de apertura al otro al actuar en forma congruente con sus necesidades y sentimientos, respetar sus aportes y diferencias individuales, tener a todos en cuanta al tomar decisiones familiares y reconocer su importancia para el grupo familiar.
Cuando la persona ha logrado fortalecer una identidad personal, enriquecida por la experiencia que le permite movilizarse con relativa seguridad en las diversas áreas de la vida, se inicia entonces una búsqueda interior para fortalecer ese proceso de identidad.
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Valores y la familia
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Fuente: vida, amor y familia. Formación integral para padres educadores.
Editorial: REZZA

 
Nosotros no nos “inventamos” los valores, sino que los recibimos o los descubrimos a través de la experiencia, del medio que nos rodea. Aquí encontramos la importancia trascendental de la familia en la relación con la clase de valores que asume el niño y el adolescente. Tan importante su influjo que la iglesia no duda en afirmar: “la primera fuente alimentadora de la educación es ante todo la familia: en ella los hijos, en un clima de amor, descubren más fácilmente el verdadero sentido de las cosas, al mismo tiempo que se imprimen de modo casi inconsciente en el alma de los adolescentes formas probadas de cultura a medida que van creciendo”. (Vaticano II G.S 6I)
Hablamos de escala de valores pero ¿qué es un valor? “valor es todo cuanto constituye un bien que le conviene a un ser”. “valor moral es todo bien que se realiza, perfecciona, y hace bueno al hombre como hombre”.
“Valor es una cualidad objetiva del ser, inherente a cosas, personas o ideas y por lo cual son ellas apetecibles”.
“Valor es aquello que le da sentido a la vida. Aquello por lo cual vale la pena vivir y actuar”.
“Valor es la tendencia de la necesidad al bien”.
Si el valor es lo que hace bueno al hombre como hombre, si el valor le da sentido a la vida, si es lo que hace que valga la pena vivirla, sobra decir que cada persona debe tener muy claro cuáles son los valores que la orientan.
A manera de ejemplo, veamos la escala de valores que presenta Maslow, en donde se relacionan de manera directa los valores con las necesidades. De acuerdo con ello podemos dividirlos teniendo en cuenta  las necesidades de la siguiente manera:

Necesidades Básicas o biológicas
Son las que posibilitan la supervivencia (hambre, sed, sueño.)de la persona.

Necesidades primarias
Es la búsqueda de la persona como autorrealización, éxito, gratificación, afecto, pertenencia, seguridad, afirmación de sí mismo, ser más, posibilidad de error, diversidad, posición, libertad, privacidad.

Necesidades secundarias
La persona requiere entender el mundo que lo rodea; aprecia y crea eventos de carácter estético, social, cultural, ético.

Necesidades Trascendentes
El individuo busca superarse a sí mismo y conectarse con la vida y con los otros; por ello crea valores de unión, amor, verdad, vida más allá.

La relación personal implica ayuda de la familia. “Puesto que los padres han dado la vida a los hijos, tienen la gravísima obligación de educar a la prole y por tanto hay que reconocerlos como sus primeros y principales educadores”.
“La familia es por tanto la primera escuela de las virtudes sociales que todas sociedades necesitan”.
“La primera comunidad de que participa el hombre es la familia, la cual le proporciona las primeras orientaciones y estímulos  para que se integre a las demás asociaciones y grupos en donde ha de seguir educándose en la convivencia, para el trabajo, la cultura y la solidaridad”.
“la familia como célula básica de la sociedad y principio de vida, es la primera educadora de los hijos por su misión de ser formadora de personas”.
“la familia es la primera responsable de la educación”.
Estas citas tomadas de los documentos de la iglesia (Cfr. Vaticano II, declaración sobre educación No 3 y directorio de pastoral educativa, Nos. 307-314), son bien explícitas en relación con la función que tiene la familia en la educación y formación de las personas.
Si en algo debe colaborar el hogar es a realizar el proyecto personal de la vida de cada uno de sus miembros.
No se trata solamente del deber de los padres frente a los hijos, sino de los deberes de los hijos frente a sus padres, respecto a la tarea para ayudarse mutuamente a construirse como personas.
Todos estamos en proceso de formación, y aunque esa es una responsabilidad personal, jamás podemos olvidar que el apoyo de cuantos nos rodean es necesario. Porque el hombre no es un ser aislado, no se “salva” solo sino que necesita hacerlo en comunidad.
Ya se anotaba que la mejor expresión del amor hacia aquellos que son objetivo de nuestro afecto es contribuir al logro de su realización integral.
Para que la familia contribuya eficazmente a esta tarea, debe reinar en ella un ambiente de dialogo. El dialogo no es palabrería vana, sino una actitud permanente de respeto, aceptación, y estimulo. Por esto es importante buscar motivos para dialogar en el hogar. Si la familia contribuye a la estructuración de sus miembros cumple su misión.
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Fuente: vida, amor y familia. Formación integral para padres educadores.
Editorial: REZZA
 
Qué fácil es mentirme. La increíble fuerza del mal viene justamente de esa capacidad que poseo para engañarme, para actuar mal y estar convencido de que actúo bien. Lo arreglo todo con bellos argumentos. El problema no es tanto que falle. Soy humano, frágil, y tal vez caeré muchas veces. El problema es que no reconozca con seriedad que he fallado y, peor aún, que quiera convencer a todos de lo que he hecho es digno de imitar.
Sentido de amor
Pero, en lo más profundo de mí, en mi soledad, reside el amor. De esto se deriva que si no soy capaz de conocer mi soledad, mi vacío, nunca  sabré lo que es el amor. Tendré relaciones sexuales, uno que otro noviazgo, pero nunca podré amar.
El amor no se logra en un día ni en un año; es una construcción de toda la vida, porque todos los días aprendo a amar.
En el camino del amor surge la exigencia de dar y darme en un lugar que cuenta: mi familia. Porque es tan cerca a mí, me conocen muy bien, mis familiares saben acerca de mis dificultades, de mis fallas. Cuenta porque vivimos tan cerca unos de otros que a veces damos por supuesto por supuesto el amor y no consideramos necesario expresarlo. Porque quizá, con o sin culpa, nos hemos hecho daño y ahora hay soledad.
Muchas veces es más fácil amar a los de afuera y aislarme en mi propio hogar, hundirme en el silencio. Pero, aunque cueste mi familia es un lugar donde hay amor, sonde me han enseñado a amar a pesar de todo. Ella está ahí; no la escogí yo. Sin embargo, ella me ha dado las imágenes de padre, madre, hermano. Además mi cariño, mi afecto, mi manera de confiar en los demás, mis gustos e ideales, mis dificultades y frustraciones son el reflejo de mi familia.
Todo lo que ha sucedido y sucede en mi familia, me afecta:
- La relación de mis padres: su unión o su separación, su cariño mutuo o su distanciamiento, el respeto o las discusiones, el dialogo o la incomprensión y hasta la violencia.
- Las relaciones entre hermanos: el cariño o la envidia, la ayuda mutua o la rivalidad, la preocupación por el otro o la indiferencia.
- El amor Familiar: la sobreprotección que no da confianza, independencia ni libertad, o la despreocupación, que demuestra falta de interés por el otro; el cariño tierno o las relaciones frías y calculadas.
- Los valores familiares: solidaridad, ayuda,  cariño, sencillez, dialogo respeto, verdad, lealtad, entre otros.
- La historia familiar: los momentos agradables, los encuentros, los buenos recuerdos, la unidad que ha existido; los momentos tristes, los enfrentamientos, aquello que pasó y nunca he podido olvidar, eso que tanto daño me hizo, la falta de alguien a quien extraño mucho, las preocupaciones de cada día, los buenos o malos momentos económicos, la posición social, el carácter de cada uno, la fe en Dios, la vivencia de la sexualidad.
Ante esta realidad puedo tomar actitudes diferentes: reconocer las dificultades y valores de mi familia y sin embargo, preferir hacer mi vida fuera de ella; quedarme como espectador y huir de los problemas, asumir el hogar como un sitio donde duermo y como, pero donde no comprometo mi vida.
Vivir angustiado por las marcas que me ha dejado mi vida familiar y así disculpar mi mediocridad, aludiendo siempre a mis dificultades familiares. Descubrir como es mi familia y por lo tanto como soy yo; tener en cuenta  que cuando la desunión, la falta de fe, la agresividad, la búsqueda de dinero o de placer la golpean, también me golpean a mí.
Amar a mi familia, pero tener también el coraje para descubrir que no está bien en mi casa y ayudar a cambiarlo. Saber que nada se logra en las discusiones a gritos, con violencia y enfrentamientos; que es mejor aguardar el momento para decir una palabra verdadero y que cuestione.
Mantener el ánimo, pues no hay situación familiar tan negativa que no tenga algo positivo; aprender a ser realista; existe problemas que no tienen solución; pero no puedo angustiarme por ello. Ver que siempre habrá en mi familia algo que mejorar; se podrán profundizar las relaciones y actuar con sencillez sabiendo que las pequeñas cosas, los detalles, obtienen resultados sorprendentes.
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