Artículos sobre el amor, la amistad, parejas y las emociones de la vida
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Renueva tu vida de pareja con el año nuevo

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Año nuevo, sentimientos nuevos.  Astronaut Images
Updated January 10, 2016.

El comienzo del año es un buen momento para reflexionar sobre nuestros sentimientos y hacer algunos cambios que nos ayuden a sentirnos más plenos y felices. Si tu relación de pareja no está funcionando todo lo bien que te gustaría, te invitamos a mirar en tu interior para averiguar qué es lo que falla y renovar tu vida de pareja con el año nuevo.

Antes de explotar, piénsalo dos veces

Es posible que después de las Navidades tú y tu pareja se sientan algo más tensos de lo habitual.

Fueron días de celebración e intimidad, pero también de compromisos sociales y familiares que pueden llegar a saturarles. Si a eso le suman las tensiones y problemas que ya estaban presentes, quizás acaben explotando por el motivo más insignificante, dejando salir todo el rencor acumulado.

Lo ideal, por supuesto, es no llegar a ese extremo.

Las palabras hieren y pueden dejar cicatrices difíciles de cerrar. Y al mismo tiempo, son la mejor herramienta que tenemos para comunicar nuestros sentimientos y expresar el amor hacia la pareja. Así que, si él o ella de verdad les importa, elijan hablar para construir, para tender puentes, para sellar su compromiso. Recuerden que la relación de pareja es una criatura que está viva y que necesita alimento. No se dejen llevar por la rutina ni se evadan con cualquier distracción insignificante.

Después, mira dentro de ti

Cuando hay algún rasgo o hábito de tu pareja que te molesta muchísimo, te hace enfadar y te despierta sentimientos muy intensos, generalmente lo que ocurre es que te recuerda a algo del pasado que no tiene nada que ver con él.

Por ejemplo, si de pequeña te sentías abandonada porque tenías una madre emocionalmente distante, es posible que ese dolor se te active cada vez que tu pareja se concentra tanto en sus hobbies que aparentemente se olvida de ti.

Darte cuenta de cuáles son tus puntos débiles y tus carencias es el primer paso que puedes dar para comprender mejor tus sentimientos.

Deberás despojarte de esa capa de orgullo que tan bien te protege de tus miedos infantiles, ya que al mismo tiempo te aísla y te impide superarlos.

Es necesario, por supuesto, que tu pareja haga lo mismo. Ambos deben conocerse bien a sí mismos, ya que de esa manera dejarán de proyectar en el otro su malestar y de hacerlo responsable de su felicidad. No es fácil, pero merece la pena.

4 maneras de reencontrarse

  1. Aceptación. En el momento en que sean capaces de reconocer y aceptar sus temores, defectos, carencias y necesidades insatisfechas, ya no necesitarán hacerle reproches y demandas excesivas a su pareja. Podrán perdonarse mutuamente por los errores cometidos y proponerse, ahora sí, hacer algunos cambios para poder seguir juntos en armonía.

  2. Humildad. Comprendan que no pueden cambiarlo todo. Cada uno tiene una manera de ser, unos principios y valores que el otro debe respetar. Tampoco pueden cambiar el pasado ni convertirse en el papá o la mamá amorosa que su pareja nunca tuvo. Acepten, pues, sus límites y crezcan a partir de ahí... o comprendan que es mejor seguir caminos separados.

  3. Espacio. Reserven tiempo para hablar de sus sentimientos. Puede ser alguna noche a la semana, después de cenar. O bien una tarde, en su café favorito. Durante esas horas olvídense del celular, de ir de compras o al cine. No escapen. Hablen sinceramente de cómo se sienten y de qué es lo que les disgusta en el otro. Recuerden hablar siempre en primera persona, sin acusar. Nada de “tú siempre...”, “tú eres...”. Mejor: “Cuando tú hacesesto, yo me siento así”. “Me disgusta cuando dices eso porque me recuerda a esto otro y lo interpreto de esta manera”.

  4. Respeto. No olviden la importancia de hablarse con delicadeza, sin herir sus sentimientos ni emplear el sarcasmo o las indirectas. Y si aun poniendo todo de su parte no logran dejar de discutir y su relación sigue estancada aunque se aman, consideren seriamente hacer una terapia psicológica, bien por separado o juntos. Un profesional independiente y objetivo les puede ayudar mucho cuando necesitan que les tiendan una mano. 

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La infidelidad
    infidelidad-poligamia
       Fuente: Enciclopedia de la Psicología. Vol 1 Cap. 5
       Editorial: OCEANO.

 
El concepto de fidelidad en la mayoría de las parejas se considera implícito en la relación. Sin embargo, hay algunos que lo verbalizan abiertamente y deciden o no que forme parte de las normas establecidas entre ambos. Aun así, incluso en el caso de parejas que han considerado que la relación abierta, en la que de vez en cuando o paralelamente se mantiene relaciones con otros, es una forma de mantener el vínculo enriquecido y vivo, se termina viviendo mal esa situación y uno u otro acaban pidiendo una relación cerrada. Es esta la más frecuente, y el 70 por ciento de mujeres y el 60 por ciento de hombres opinan que, para que la relación funcione, debe haber fidelidad. La verdad es que, a la vista de la evolución del matrimonio, no podemos dejar de pensar que el ser humano es ambivalente. Por una parte desea la fidelidad, pero lo cierto es que parece ahogarse en una relación prolongada y busca la variedad. Tal vez lo más inteligente fuera ser consciente de la monogamia secuencial que caracteriza crecientemente al hombre, a juzgar por el número de separaciones y divorcios repetidos que ocurren cada vez más habitualmente. Otro tema escabroso al hablar de infidelidad, es la decisión sobre si sincerarse o no con la pareja refiriéndole una infidelidad ya pasada. Las mujeres parecen más partidarias de hacerlo (un 43 por ciento se lo contaría a su marido), mientras más hombres creen que es mejor evitarlo (sólo un 37 por ciento lo haría). En cuanto al tipo de infidelidad, es unánime la valoración de que la infidelidad de una noche, o con un  o una profesional, es la menos grave, mientras que una relación estable, sobre todo si incluye afecto, es la que ocasiona más dolor.
Para la mayoría de parejas estables, la infidelidad rompe la confianza absoluta depositada en el otro y es difícil recuperarla. Al parecer, la fidelidad es uno de los valores más arraigados en el concepto tradicional de pareja. Sin embargo, en una época de cambios rápidos como la que vivimos, los valores y las normas morales dan la impresión de estar sujetos a esas mismas variabilidades, y las personas que caen en la infidelidad se asombran de sí mismas y se dan cuenta de que sus normas eran teoría mal aprendida.
Muchas personas infieles a sus parejas lo son porque se enamoran de otras, y no es curioso comprobar que los más libres y jóvenes romperán con su pareja estable, mientras que los mayores, quizás por la responsabilidad de los hijos, el status social, etc., se decidirán por la poligamia. No es imposible querer a dos personas a la vez, lo imposible es ser fiel a dos a la vez, ya que el termino fidelidad, entendido tradicionalmente, implica la monogamia.  

Imagen de: estoyactual.com 

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La subjetividad del enamoramiento

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La subjetividad del enamoramiento
                                         enamoramiento-subjetividad

Fuente: Enciclopedia de la Psicología. Vol 1 Cap. 4
Editorial: OCEANO.

 
 
El enamorado casi nunca es objetivo a la hora de valorar a la persona de sus sueños. El apasionamiento no le deja ver defectos o problemas  que se harán evidentes cuando desaparezca ese estado ilusorio, casi de espejismo. Las diferencias de cultura, de interese o de carácter no sólo no tienen importancia bajo ese estado sino, que si se aprecian, es probable que sean valoradas de forma subjetivamente positivas.
Una mujer lo relataba muy acertadamente: comentaba que la virilidad, la fuerza y una cierta brusquedad de su compañero, mientras estaba enamorada, la hacía sentir muy femenina y protegida; pasados los años, esas  mismas características eran valoradas por ella como manifestaciones de falta de sensibilidad de su compañero.
Sirva como ejemplo de esta evolución de las valoraciones el chiste popular que comenta la idealización de un enamorado del “precioso Lunar” de su amada, que con el paso del tiempo se convierte en una “asquerosa verruga”. Sea como sea, lo cierto es que, cuanto más subjetivo e irrealista se es, más potencialmente dura es la decepción cuando se acaba el enamoramiento.
De qué, cómo y cuándo nos enamoramos
Las razones por las que nos enamoramos de una persona y no de otra son muchas. Depende de nuestra personalidad: parece que los más independientes son menos enamoradizos; de nuestros gustos: es más fácil sentir atracción por personas con afinidades e intereses comunes; y de nuestras necesidades. No es extraño que la primera causa de atracción sea el aspecto físico. O la atracción sexual, que en algunos casos parece una reacción química irresistible. Pero también nos enamoramos de la inteligencia de una persona, de sus habilidades para conversar, de su simpatía y humor; puede subyugarnos su seguridad y carácter decidido, su seriedad y respetuosidad, o su aparente poder social y cultural.
Resumamos algunos de estos aspectos psicosociales:
1.       La reciprocidad. Sentirse querido incrementa el enamoramiento. El filósofo Hécato escribía en el siglo II a. C “Os mostraré una poción sin drogas, hierbas o conjuros de brujería: sí queréis ser amados, amad”.
2.       La proximidad espacial, la accesibilidad.  Cuanto más cerca estamos del ser amado, cuanto más posible sea acceder a él, más fácil será el contacto que potencia el amor.
3.       La similitud en las actitudes. Como hemos visto, es muy importante la semejanza pero aparece realmente sólo en los momentos iniciales del éxtasis. De hecho el concepto del “alma gemela “parece ser tan ilusorio como el de “media naranja”.
4.       La expectación. Enamorarnos también es el resultado de las expectativas que uno tiene sobre la persona en la que ha puesto el ojo o la fantasía. El gran momento de amor es, a menudo, el que lo precede. La prehistoria del sentimiento. Aquel instante de la imagen incierta pero deliciosamente real, suscitadora de proyectos y de abnegaciones, de nostalgia y de recelo, de paradisiacas fascinaciones y, sobre todo, de imaginadas pero infalibles adhesiones.
5.       Las excitaciones emocionales previas, incluidas las negativas (peligros, temores, ansiedades, dolores y situaciones de estrés compartidas). Éstas catalizan la agitación fisiológica inespecífica a una etiqueta concreta que denominamos amor. No conviene oponerse demasiado activamente a un vínculo afectivo: aparecerá el efecto “Romeo y Julieta”, según el cual los amores prohibidos  son más gratificantes que los socialmente aceptados.
6.       La comunicación. Como primates que somos, mantenemos muchos de los elementos táctiles, gestuales, y visuales propios de una naturaleza común: intercambio de miradas embobadas, movimientos de hombro hacia delante y ciertos olores corporales. Alguna sutilidad parece quedarnos de la sensibilidad por el olor del ser amado, pero no tanto a Cátulo que imploraba que los dioses que lo convirtieran todo él en nariz. Las feromonas – “roqueforts” tácitos que hoy día no soportaríamos en su estado puro- han perdido importancia por razones muy diversas. Pero nos queda el simbolismo de perfumes y fragancias.
Somos humanos y hemos volado más alto; de los clientes que tienen esta criatura caprichosa que es la naturaleza hemos sido capaces de inventar artes y oficios de comunicación amorosa, gracias al don del lenguaje que nos permite un intercambio a veces tan lleno de matices que podíamos decir, exagerando, que hacemos el amor vestidos de palabra. 
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La Separación y los Celos

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La Separación y los Celos
                                  separación-celos

Fuente: Enciclopedia de la Psicología. Vol 1 Cap. 5
Editorial: OCEANO.

 
Separarse es una de las situaciones de estrés más importantes a que debe enfrentarse algunas personas. Significa empezar de nuevo, pero con las limitaciones resultantes de la convivencia: los hijos, la costumbre de estar acompañado, la incomodidad del nuevo papel social, los cambios de situación económica… Todo  ello varía si es uno quien desea separarse (se supone que la separación comporta algunas ventajas, al menos es mejor que seguir casados), o si es el abandonado el que debe resignarse y a menudo sin comprender el porqué.
La mayoría de las parejas llega a la separación tras un largo periodo de infelicidad, de repetidos intentos de solución. Si se logra arribar a esta decisión final de mutuo acuerdo y ambos se desean lo mejor para el futuro, puede decirse que se trata de una separación satisfactoria, bien llevada, respetuosa. Pero lo cierto es que las separaciones violentas o traumáticas, con terceras personas, desgraciadamente son las más frecuentes.
Adaptarse a ser un separado es un proceso largo y costoso: un mínimo de un año, y una media de dos, es lo que Stefen Gullo cita como resultado de la observación realizada a ciertas parejas separadas en los Estados Unidos.  En este largo proceso de adaptación forzosa, uno debe comprender lo ocurrido e intentar integrarlo, mientras se esfuerza por recuperar su autoimagen y su autoestima.
En la separación se pasa por distintas etapas emocionales en las que parece que nuestra mente se centra de modo primordial en un hecho, subjetivo y magnificado. Existe una etapa de agresividad contra el otro, una etapa posterior en que se recuerda sólo lo bueno, otra en la que se es sumamente consciente de la soledad, otra en la que prima la obsesión por volver a tener una pareja… Y lo malo es que, a veces, las personas se quedan estancadas en una de esas etapas y no evolucionan. A menudo se cae en una depresión, síntoma de la falta de capacidad para adaptarse y superar la situación. A pesar del mal trago, la mayoría de separados vuelven al cabo de un tiempo a vivir con otra pareja.

Los Celos
Las dudas sobre el cariño o la fidelidad del otro son fuente frecuente de sufrimiento. Pero, para convertirse en celos patológicos, ese estado de duda y malestar debe ser intenso para que provoque la incapacidad de mantener una vida normal. El celoso teme ver la temida infidelidad en la simple mirada o en el gesto que su cónyuge dedica  a otra persona, tiende a interpretar mal pequeñeces y, a menudo, inicia interrogatorios y comprobaciones de las conductas de su pareja. En todo este proceso de detección de amenazas y de comprobación, el celoso lo pasa mal, pero también su pareja, que acaba perdiendo la espontaneidad y la naturalidad tras tanta vigilancia y recriminaciones, e intenta ser exageradamente discreta para evitar problemas. Aun así los problemas son difíciles de solucionar. Las pequeñas demostraciones de celos parecen gustar a casi todo el mundo, pues indica una atención de nuestra pareja, siempre y cuando se limite a ser expresados como alabanzas o recriminaciones que rayan en la cortesía. Más allá de este punto, son desagradables y atentan contra la libertad individual. Cuando el celoso no puede controlarse, y sus dudas le llevan a amenazar o agredir a su pareja, debe ponerse en manos de un médico.
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El paso del noviazgo a la convivencia

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El paso del noviazgo a la convivencia

                              noviazgo-convivencia
Fuente: Enciclopedia de la Psicología Tomo I Capitulo 5
Editorial: OCEANO

 
El estado de enamoramiento suele vivirse en la época del noviazgo, con todo lo que esta etapa comporta. Además de la falta de responsabilidades propias del noviazgo, el tiempo que se comparte es,  en su mayoría tiempo de ocio. En esta época el intercambio es altamente gratificante: los novios se proporcionan mutuamente mucha atención,  se hacen regalos,  se comunican, se dan cariño y se hacen promesas. De todo esto se desprende un alto nivel de expectativas sobre la posterior convivencia, fruto de los aspectos anteriores.
Sin embargo la intensidad del enamoramiento a menudo disminuye al iniciarse la convivencia, aunque suele conservarse un alto nivel de expectativas. En este paso decisivo en la vida de cada persona es fundamental el concepto que los miembros de la pareja tengan del amor: la idea de que el sentimiento lo supera todo suele ser perjudicial, especialmente si no va acompañada de una actitud positiva, activa y responsable, tendente a poner los medios prácticos para que así sea.
Vivimos en una sociedad que nos educa en ciertos conocimientos hasta niveles a veces exagerados y que, paralelamente, permiten que algo que hará el 95% de la población, como es vivir en pareja, se realice en forma intuitiva. Hay quienes han podido observar modelos de pareja muy válidos y estimulantes,  pero otros no han tenido tanta suerte. Es curioso que, con lo difícil que resulta hacerlo bien y lo poco preparados que vamos al matrimonio o a la convivencia, no haya aún más separaciones y divorcios.
Pero vamos a analizar qué caracteriza a las parejas satisfechas, las que consiguen pasar del enamoramiento al “amor” bien entendido y a las que, sin pasar por el enamoramiento, son capaces de vivir amorosamente.

¿Qué es el amor?
El amor de pareja es un sentimiento, un estado estable de satisfacción por permanecer con la persona elegida. Ese sentimiento guía los pensamientos y las conductas dentro de la relación. Una pareja estable, que se ama, experimenta en ciertas ocasiones emociones intensas hacia el otro (deseo entusiasmo, ilusión), pero lo habitual es que sienta confianza, admiración, armonía, orgullo y bienestar al pensar en el ser amado. También existen, lógicamente, sensaciones de duda, algunos enfados y algunos enfrentamientos, pero una pareja que se ama raramente llega a perder el respeto hacia el otro, y suele mantener determinadas normas de convivencia.
Existe parejas intensamente satisfechas de su relación, pero ese estado de felicidad puede durar lo que una noche de verano. Por el contrario todos conocemos parejas que llevan años de convivencia sin sentir más afecto por el otro que por un vecino. La satisfacción debe ser plena, y ese sentimiento debe permanecer estable a largo plazo para que se hable de “verdadero amor”.

Una conceptualización del amor: tres requisitos
Desde la perspectiva de la terapia de pareja, para que dos personas se consideren felices su relación debe reunir una serie de características. En realidad, son aquellas que, de manera más o menos conscientes, cada uno revisa al cabo de cierto tiempo, para valorar si  sigues sintiéndose satisfecho de la relación.
El primer requisito es mantener un equilibrio entre lo que se da y lo que se recibe. Así, ambos miembros se consideran atendidos y cómodos con un reparto equitativo y justo. En determinadas épocas alguno de los dos puede ver mermada su capacidad de dar, debido a problemas de salud, o de otro tipo; pero lo mismo puede ocurrir al otro en cualquier momento. Por tanto, aunque pueden existir periodos en que se rompa ese equilibrio, lo normal es mantenerlo a la larga. Que el intercambio de conductas entre la pareja sea primordialmente positivo es el segundo requisito. Sin duda, es indispensable que existan más cosas buenas que malas. Resulta difícil mantener una relación en que se soportan o aguanten más cosas de las que se disfrutan. El “coste” de permanecer dentro de la relación debe ser bajo hablando en términos económicos. El tercer requisito es que lo positivo que cada uno da al otro se adapte a sus gustos y necesidades personales. Tener aquellos detalles que significan estar atento a las ilusiones y a la personalidad del compañero es muy distinto a la actitud estereotipada de cumplir con los tópicos sociales de la pareja (regalos en las fechas señaladas, corbata para él, perfume para ella…) 
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El invento de la convivencia

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El Invento de la Convivencia

                               convivencia-pareja


Fuente: Enciclopedia de la Psicología capítulo 5 tomo 1
Editorial: OCEANO

 
A la vista de cómo funciona la pareja hoy en día, no creo que nadie se atreva a afirmar que, es el invento perfecto. Convivir es difícil, porque el ser humano es complejo y variable. Mantener el equilibrio entre nuestras emociones y nuestra razón nos roba cada día muchas energías. Nosotros mismos no nos entendemos muchas veces, así que pretender entender a nuestros semejantes, por muy cercanos que sean, puede resultarnos maravilloso a veces, y fuente de sufrimiento e impotencia otras. En la época que nos ha tocado vivir, los modelos a imitar son contradictorios. Nuestros padres y las generaciones mayores aún responde a un reparto tradicional de roles que ya no se ajustan a las necesidades de hoy. Los modelos jóvenes pecan a menudo de un exceso de estrés, de competitividad y se ven sujetos a presiones económicas que los hace volubles e inestables, se cumplen tópicos, se habla de feminismo como de algo ya agotado y lo cierto es que la pareja sobrevive porque no se conoce algo mejor.
Hombres y mujeres pretenden un equilibrio igualitario, en el que se repartan las responsabilidades y tareas por igual, pero la innegable diferencia biológica, incómoda para esta sociedad,  cuestiona toda esa teoría y hace de la maternidad un nido de problemas que parece enfrentar a ambos sexos. Las generaciones de hoy, a caballo entre el modelo tradicional paterno y el modelo igualitario teórico que no acaba de encontrar el equilibrio ideal, son felices a su modo, porque estos son sus tiempos y ésta es su vida. No podemos parar el mundo para dedicarnos a pensar y organizar las cosas a fin de que funcione de otra manera.
Por ello, lo mejor es aprovechar todas las ventajas y aprender las habilidades que nos permitan hacer frente a las dificultades en mejores condiciones.

Algo que aprender para convivir mejor

Cuando más se idealiza la convivencia, cuanto menos realistas y responsables son nuestras expectativas, más probabilidad de problemas existe. La alternativa no es dar nada por supuesto. Estar dispuestos a asumir la responsabilidad de proponer, pedir, negociar, dialogar, comprender, y tolerar. Pero también proponerse pasarlo bien, disfrutar y divertirse en un equilibrio que se consigue a pulso día a día. La autoestima de la persona que se responsabiliza de poner los medios para conseguir sus fines suele ser más alta que la de los soñadores, que esperan que el mundo les rinda pleitesía.
Así pues, se  debe mirar la convivencia como otra carrera en la que hay mucho que aprender y en la que se han de aprobar numerosos exámenes, pero en la que se avanza mucho, se disfruta y se celebran fiestas de fin de curso. Nadie ha nacido enseñado para convivir y ése suele ser el gran error: suponer que el amor lo cubrirá todo, que si hay amor no se necesita nada más. El amor pone el sentimiento y la motivación, pero por si solo no basta. Existe muchos mitos, además de éste sobre el amor, que marca las expectativas de las personas: suponer que el amor está determinado por el destino; imaginar que la persona que nos ama debe adivinar nuestros deseos y estados anímicos sin necesidad de comunicarlos; creer que la pareja que se ama nunca discute; esperar que no haya ningún secreto entre ambos y que la sinceridad sea absoluta, para bien o para mal; considerar que los problemas sexuales son un síntoma de que no se ama realmente; pensar que la pareja que se ama no necesita a nadie más, pues se basta el uno al otro.
Los jóvenes enamorados tienden a idealizar y a creer en aquel final de cuentos que dice “se casaron y fueron felices”. Pero la realidad es que la vida en pareja encierra amor y odio, momentos buenos y malos, encuentros y desencuentros, comprensión e incomprensión, compañía y a veces también soledad…

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Cuando El Orgasmo no Llega.

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Fuente: Enciclopedia de la Psicología. Capítulo 5 “La Sexualidad”
Editorial: OCEANO

 
La disfunción sexual femenina más frecuente, se define como ausencia o retraso del orgasmo tras una frase de excitación previa en el contexto de una actividad sexual adecuada en cuanto a tipo, intensidad y duración. Durante muchos años fue un motivo de consulta frecuente la anorgasmia coital, es decir, mujeres que si obtenían el orgasmo mediante la estimulación del clítoris, pero no dentro del coito. Hoy sabemos que no más de un 40 por ciento de las mujeres son capaces de lograr el orgasmo únicamente con el coito. De hecho, la sensibilidad del interior de la vagina es menos que la zona clitórica y durante un coito normal el estímulo que se  produce sobre el clítoris es escaso. A pesar de ello, sigue habiendo un número importante de mujeres que rechaza cualquier otra forma de llegar al orgasmo que no sea el coito, lo cual puede dar lugar a problemas, tanto en ellas mismas por intentar forzar la respuesta orgásmica, como en sus parejas al necesitar mantener la erección y el control eyaculatorio durante un tiempo suficiente, que a veces es muy prolongado.
Cuando la falta de orgasmo aparece tras un periodo de buen funcionamiento sexual, puede deberse a la presencia de alguna enfermedad o a la toma de algún medicamento, un hipertensivo o un antidepresivo que inhiban el orgasmo. En este caso se debe tratar la enfermedad o eliminar el fármaco responsable, al tiempo que la mujer tendrá que reaprender a no estar pendiente de su orgasmo si es que, durante el tiempo que ha durado el problema, ha caído en el “rol de espectador”.
Si el problema es de anorgasmia coital, existiendo un juego previo correcto, una buena relación de pareja y un tiempo razonable de coito, es aconsejable que la mujer asuma la posibilidad de otras opciones de estimulación, aunque puede intentar mejorar el estímulo durante el coito mediante el entretenimiento de la musculatura pubococcígea (el músculo que se contrae si interrumpimos la micción) o mediante las llamadas “posturas puente”, que permiten un estímulo del clítoris durante el coito.
La falta de orgasmo en una mujer suele ser consecuencia de una educación sexual inadecuada. Pero las dificultades para alcanzar el orgasmo, tanto en el hombre como en la mujer, no significa necesariamente tener una sexualidad deficiente.    
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La compatibilidad en la Pareja.¿Es realmente importante?

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Muchas personas que terminan una relación de pareja atribuyen la ruptura a una falta de compatibilidad, afirmando que son demasiado diferentes como para poder llevarse bien o que tienen visiones del mundo, de la vida o de la pareja totalmente distintas. Sin embargo, los investigadores han visto que estas personas no están del todo en lo cierto.

A pesar de que parece lógico pensar que si encuentras una persona que comparte tus gustos y aficiones y tu visión de la vida y con quien eres altamente compatible, puedes tener una relación más duradera y feliz, la compatibilidad apenas influye en la felicidad o duración de una relación de pareja, según el doctor Ted Hudson, de la Universidad de Texas, quien realizó un estudio longitudinal con parejas.

Lo curioso de esta investigación es que vieron que las parejas que se sentían satisfechas y felices en sus relaciones decían que la compatibilidad (o falta de ella) no era importante, mientras que las parejas que son infelices suelen echarle la culpa a la falta de compatibilidad. Al fin y al cabo, tratamos de buscar una explicación para entender por qué la relación no ha funcionado y recurrir a la falta de compatibilidad parece la explicación más sencilla aunque no la más acertada, puesto que una pareja puede ser feliz a pesar de ser muy diferentes.

Sin embargo, saber por qué no ha funcionado una relación te aporta una información muy valiosa para no cometer los mismos errores en el futuro y es importante conocerla en vez de recurrir siempre al cliché de la falta de compatibilidad.

Si no es la compatibilidad ¿qué hace que funcione una relación?

Lo que hace que funcione no es lo similares o compatibles que sois, ni las cosas que tenéis en común sino cómo os tratáis el uno al otro y, sobre todo, vuestra propia capacidad para esforzaros por hacer que la relación funcione.

Las parejas que se apoyan el uno al otro, que apoyan los sueños de su pareja, que se tratan con respeto, se admiran y se hablan bien, funcionan mejor que el resto de las parejas aunque sean muy diferentes y parezcan incompatibles.

Al fin y al cabo, si tu pareja piensa de ti que eres una persona maravillosa, te admira como persona, reconoce y admira tus cualidades, acepta tus defectos, te ayuda a perseguir tus sueños y te habla con respeto y tú haces lo mismo por tu pareja, parece muy difícil que esa relación no funcione. Es más, parece la relación perfecta.

Por desgracia, las personas no somos perfectas. Es inevitable que haya malos momentos, decepciones, malentendidos o discusiones. Y ahí es donde entra el juego el compromiso de permanecer unidos y el esfuerzo para lograrlo. Cuando una pareja acepta estos malos momentos como algo normal (sin esperar que sea todo color de rosa siempre) y se esfuerza por arreglar los problemas desde el respeto mutuo y sin olvidar que sigues teniendo delante a la persona a la que admiras y amas, entonces permanecerá junta mucho más tiempo y tendrá una relación mucho más satisfactoria.

Por tanto, a la hora de entablar una relación seria con alguien que te atrae, pregúntate si admiras a esa persona, si la valoras de verdad como persona, si ves en él o ella cualidades positivas y si te valora a ti como persona, te admira, te trata con respeto incluso cuando estáis discutiendo, apoya tus sueños y te ayuda a crecer.

Hay muchos motivos por los que las personas inician relaciones de pareja pero no todos ellos son buenos motivos. Comenzar una relación con alguien que “no está mal” para no sentirte solo mientras esperas que aparezca alguien mejor no es el mejor motivo y es muy probable que una relación con una base tan frágil como esa acabe siendo insatisfactoria. Pero, a pesar de que te va a resultar extraño lo que voy a decirte, lo que hace que una relación así sea insatisfactoria no es que estés con alguien de quien piensas simplemente que “no está mal” sino que sigas esperando algo mejor sin esforzarte lo más mínimo por convertir lo que tienes en algo bueno. Los investigadores han visto que incluso los matrimonios concertados pueden ser felices. Lo único que necesitan es comprometerse y esforzarse por hacer que la relación funcione.

Por tanto, si un matrimonio concertado puede llegar a ser feliz simplemente porque ambos se lo han propuesto, se tratan bien y se respetan, con más motivo podría ser feliz una pareja que decidió unirse por amor. 
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10 cosas que un chico busca en la mujer de sus sueños

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10 cosas que un chico busca en la mujer de sus sueños

Los sentimentalismos no son sólo para mujeres.

Por Valentinne Rudolphy


            lo-que-busca-un-chico

        Foto: Oscar Minyo

1. Alguien con sus mismos valores y principios

Esto es muy MUY importante. Si no tienes una misma base, es probable que choquen. Y a los chicos también les importa esto. No es que uno no pueda abrir la mente, sino que deseas que sea una persona que mire en una dirección similar a la tuya. 


2. Que te digan lo que piensan

Un hombre no desea tantos rodeos. No porque no vaya a entender, sino porque es mejor ser directo. Si tienes respeto, nunca herirás los sentimientos. Una chica que deje de “avergonzarse” y pueda simplemente ser directa.


3. Una chica que no tenga miedo a experimentar en la cama

Las relaciones sexuales son cosa de a dos. En pareja, ambos lo querrán y desearán placer, y darle lo mismo al otro. Es importante que no sean tímidos al hablar de eso, y tampoco que sea una chica frígida. Si no quieres, hay que decirlo y ya. Pero nada de andar con juegos, y tampoco egoísmo. Es un acto íntimo y bello, deben poder comunicarse.


4. Que el día a día siempre tenga alguna sorpresa

¿Quién no desea esto? Hombres y mujeres, no siempre somos los más creativos, y es genial tener a alguien junto a ti que te ayude a maravillarte de lo simple y lo grandioso.


5. Una compañía que le de motivación, no pesimismo

Todos necesitamos a alguien que nos aliente, que nos de energía. Una persona que no los estanque.Siempre una opinión o crítica es constructiva, pero cuando no lo es, sabes que sólo te arrastran a un hoyo negro. Y nadie quiere eso.

 

6. Alguien en quien pueda confiar

La confianza es la base de toda relación. En la familia, con amigos, en todo. Si esto no existe, tendrás problemas, malos momentos, y de seguro eso dañará tu relación. Todos queremos a alguien con quien reír de todo, contar nuestros miedos y secretos. No pensar en que nos van a juzgar, o que se lo contarán a todos. La confianza va más allá de que te engañen o no, se aplica en todo sentido.


7. Quien quiera crecer y aprender con él

Expandir su mente, en cualquier sentido posible.


8. Una mujer que definitivamente sea independiente

Abrazarse y pasar tiempo juntos es genial, claro. Pero para ellos no hay nada como poder tener la capacidad de decidir. De elegir salir a solas, de hacerlo con amigos y con su novia, o quién sabe. El espacio de vez en cuando siempre es importante.


9. Alguien que lo apoye sin importar lo que pase

Necesita una mujer que esté dispuesta a aventurarse, en todos los sentidos. Que si no hay trabajo, o no hay estudios, no se vea afectado su amor. Alguien que lo siga, cómo él está dispuesto a seguir.

 

10. Que entiendan que no serás perfecto, pero lo intentas

Solemos pensar que los hombres, por ejemplo, no son tan buenos con las emociones, o al comunicarse. Estos son algunos casos, pero sucede. Sea que ocurra esto, o en otros contextos, debes darle un respiro a aquella persona que amas. Cada quien trabaja para mejorar a su propio ritmo, y eso a veces tardará. No significa que no lo esté intentando.

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Cuándo buscas ayuda para tu relación de pareja

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                                            © Edward Bartel

Pedir orientación profesional es una actividad a la que acuden cada día más parejas en crisis. Los matrimonios en el pasado se sostenían con otros ingredientes como la costumbre, la visión social, el sacrificio y la lealtad. Hoy esos valores no son suficientes, la relación actual necesita ver satisfechos temas como la satisfacción emocional y sexual, la gratificación, la comunicación y los proyectos comunes y equitativos.

Si sientes que tu relación de pareja está atravesando una crisis y no encuentras la manera de abordar el problema quizá sea hora de consultar a un especialista. No es cuestión de salir corriendo a la primera pelea, eso es normal, pero hay síntomas claros y precisos de que la ayuda externa es necesaria.

 

La terapia de pareja no siempre es efectiva ni actúa del mismo modo con todas las parejas, pero es una ayuda que puede beneficiar.

Las parejas son muy diferentes y reaccionan de distinta manera a la ayuda profesional. Revisa los siguientes ítems y respóndete con honestidad:

  • Ya no deseo pasar tanto tiempo con mi pareja
  • Prefiero no hablar de los problemas para evitar discusiones
  • Me aburre la rutina de la pareja
  • No sé si lo que siento es amor
  • Me pregunto si quiero seguir con mi pareja
  • No siento pasión
  • Mi pareja me irrita y no sé por qué
  • Quisiera hacer otras cosas y mi vida actual me ahoga
  • Mi pareja y yo no hablamos de nada importante
  • A mi pareja no le importa lo que yo siento o quiero
  • No me interesan las actividades de mi pareja
Si has contestado "sí" a varias de ellas es momento de acudir a terapia. Estadísticamente la ayuda profesional es más útil para las mujeres que para los hombres y, desde luego, solo sirve si ambos miembros de la pareja tienen el deseo de continuar la relación.

Cómo actúa la terapia de pareja

Lo primero que hace la terapia es reunir a los dos miembros de una pareja y "obligarlos" a comunicarse con un mediador, el terapeuta.

Este actúa como un árbitro, muchas veces permanecerá en silencio mientras la pareja habla o discute y dará su opinión después o intervendrá si la pelea llega a un punto muerto.

La terapia de pareja deja a la descubierto carencias, rencores, traumas, problemas personales que afectan a la vida en común. Muchas veces lo único que se necesita es un espacio pre programado en la semana para hablar abiertamente de lo que se siente y cómo se siente. La seguridad del consultorio permite aislar esos momentos de la vida cotidiana y, después, aplicar lo aprendido en la rutina doméstica.
 

Éxito de la terapia de pareja

Las parejas que obtienen un beneficio de la terapia de pareja son aquellas en que los dos miembros de la misma acuden motivados, que aún están enamorados y sienten que el problema es una crisis o tormenta, no el final de la pareja. Cuando uno de los dos miembros implicados en una relación ya no está interesado y ha tomado la decisión de pedir el divorcio, la terapia no tendrá ningún efecto porque por uno de los lados la pareja ha finalizado. El secreto de la ayuda profesional es ayudar a la pareja a comunicarse.


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