Artículos sobre el amor, la amistad, parejas y las emociones de la vida
Cuando El Orgasmo no Llega.

                                   orgasmo-relación

Fuente: Enciclopedia de la Psicología. Capítulo 5 “La Sexualidad”
Editorial: OCEANO

 
La disfunción sexual femenina más frecuente, se define como ausencia o retraso del orgasmo tras una frase de excitación previa en el contexto de una actividad sexual adecuada en cuanto a tipo, intensidad y duración. Durante muchos años fue un motivo de consulta frecuente la anorgasmia coital, es decir, mujeres que si obtenían el orgasmo mediante la estimulación del clítoris, pero no dentro del coito. Hoy sabemos que no más de un 40 por ciento de las mujeres son capaces de lograr el orgasmo únicamente con el coito. De hecho, la sensibilidad del interior de la vagina es menos que la zona clitórica y durante un coito normal el estímulo que se  produce sobre el clítoris es escaso. A pesar de ello, sigue habiendo un número importante de mujeres que rechaza cualquier otra forma de llegar al orgasmo que no sea el coito, lo cual puede dar lugar a problemas, tanto en ellas mismas por intentar forzar la respuesta orgásmica, como en sus parejas al necesitar mantener la erección y el control eyaculatorio durante un tiempo suficiente, que a veces es muy prolongado.
Cuando la falta de orgasmo aparece tras un periodo de buen funcionamiento sexual, puede deberse a la presencia de alguna enfermedad o a la toma de algún medicamento, un hipertensivo o un antidepresivo que inhiban el orgasmo. En este caso se debe tratar la enfermedad o eliminar el fármaco responsable, al tiempo que la mujer tendrá que reaprender a no estar pendiente de su orgasmo si es que, durante el tiempo que ha durado el problema, ha caído en el “rol de espectador”.
Si el problema es de anorgasmia coital, existiendo un juego previo correcto, una buena relación de pareja y un tiempo razonable de coito, es aconsejable que la mujer asuma la posibilidad de otras opciones de estimulación, aunque puede intentar mejorar el estímulo durante el coito mediante el entretenimiento de la musculatura pubococcígea (el músculo que se contrae si interrumpimos la micción) o mediante las llamadas “posturas puente”, que permiten un estímulo del clítoris durante el coito.
La falta de orgasmo en una mujer suele ser consecuencia de una educación sexual inadecuada. Pero las dificultades para alcanzar el orgasmo, tanto en el hombre como en la mujer, no significa necesariamente tener una sexualidad deficiente.    
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LA SEXUALIDAD. El vinculo del placer

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LA SEXUALIDAD
El vínculo del placer


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Fuente: Enciclopedia de la Psicología. Vol 1 Cap. 4
Editorial: OCEANO.

 
 
Si bien un diccionario médico puede definir el sexo de una forma tan prosaica como “condición orgánica que distingue el macho de la hembra”, es evidente que los términos “sexo” y “sexualidad” tienen muchas más acepciones y, sobre todo, muchas más dimensiones que la estricta diferenciación entre lo masculino y lo femenino.
El sexo es algo indisolublemente unido a la naturaleza humana y tan primitiva como ella. Pero, al mismo tiempo ha evolucionado, igual que el hombre, y se ha adaptado a la compleja realidad de la condición humana con todo su entramado biológico, psicológico, emocional y social. Desde el momento en que el hombre es capaz de organizar sus pensamientos, expresar sus sentimientos y planificar la naturaleza para adaptarla a sus necesidades, lograr escapar de la esclavitud biológica de la sexualidad para trascender a algo que le lleva más allá de la mera reproducción. El sexo se convierte así en una actividad capaz de producir placer y, al mismo tiempo, de desencadenar ansiedad, de generar amor y de impulsar el odio,  de ser esgrimido como arma represiva.
Ante tal pluridimensionalidad, conviene analizar separadamente las diversas perspectivas implicadas en la sexualidad humana. La primera a considerar, tal vez por ser la más antigua, es la perspectiva biológica. El plano biológico constituye la base sobre la que se establece el comportamiento sexual. Nuestra aptitud para reproducirnos, nuestra capacidad para sentir y responder sexualmente, así como todos los cambios fisiológicos que tiene lugar ante la presencia de un estímulo sexual,  depende de un programa genético que modula un sistema hormonal y una serie de controles nerviosos. Por ello, determinadas enfermedades que afectan a este sistema biológico pueden llegar a producir disfunciones sexuales. También de ahí dependen ciertas diferencias en la respuesta sexual e incluso en el comportamiento sexual entre hombres y mujeres, aunque no se puede olvidar que estas características biológicas forman un todo con los factores psicológicos y los patrones culturales.
La perspectiva psicológica está constituida por el conjunto formado por las emociones, pensamientos y la personalidad de cada individuo, que determinan su forma de actuar y de responder ante diversas situaciones. Dichos factores se hallan en constante interacción con los que conforman lo que puede llamarse la perspectiva sociocultural. En efecto la familia, la escuela y los medios de comunicación van moldeando de una forma casi imperceptible nuestras ideas y, por lo tanto, nuestra actitud hacia la sexualidad. Y este proceso por el cual la sociedad va encauzándonos hacia determinados comportamientos sexuales se halla en relación directa con los patrones culturales que rigen en aquella sociedad y en aquel momento determinado. Es importante señalar este punto, porque con demasiada facilidad se tiene a calificar de “naturales” o de “antinaturales”, de “sanas” o “enfermiza”, determinadas conductas sexuales que son únicamente el producto de un sistema de valores determinados, pero que en absoluto se le puede atribuir un valor universal. Hay que tener en cuenta que el modelo sexual de nuestra sociedad occidental es muy distinto del de otros grupos culturales. Y que nuestro propio modelo va cambiando con el paso del tiempo.  Un claro ejemplo lo constituye el cambio de rol de las mujeres, de quienes hace cincuenta años se esperaba un papel sexual pasivo y que no mostraba placer sexual, mientras que hoy se espera casi todo lo contrario. Por fin, clínica incluye el análisis de todos aquellos aspectos que pueden alterar o deteriorar la función sexual, tanto biológicos, como psicológicos o sociales. Se piensa comúnmente que la sexualidad “debe” ser espontánea, es decir,  debe seguir una forma natural y libre de nuestro interior. Esta idea puede ser correcta para aquellas personas que tanto ellas como su pareja, están satisfechas con su sexualidad. Pero en numerosas ocasiones no es así. Muchas parejas encuentran dificultad en su vida sexual y es evidente que en estos casos existen factores biológicos, psicológicos, o sociales que fallan y deben corregirse. La sexualidad humana es fundamentalmente un aprendizaje social aunque se asiente sobre ciertas bases biológicas.

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